Nuestra primera vez

Después de la laparoscopia, donde diagnosticaron a la parienta obstrucción de ambas trompas como consecuencia de la endometriosis, nos pusimos manos a la obra para enfrentarnos a nuestro primer ciclo de fiv. No queríamos dejarlo mucho tiempo por si aparecían nuevos focos de la enfermedad que fueron limpiados en la intervención.

En el mes de septiembre del 2014 tuvimos la primera cita, de la que salimos con una carpeta llena de papeles entre peticiones de pruebas, analíticas, recetas e información del procedimiento (presupuesto incluido).

Nada más llegar a casa empezamos a organizarlo todo, repartiéndonos las pruebas que cada uno debíamos hacernos, separando las que teníamos que autorizar en la compañía, fijando fechas en el calendario… queríamos tenerlo todo cuanto antes…

Respecto a las recetas nos asustaba un poco por cuánto nos saldría la broma. Al ser yo funcionario y estar ella como beneficiaria en el seguro, los ciclos estaban cubiertos por la compañía médica, si bien, de las medicinas ni en la mutualidad ni en la compañía supieron decirnos nada, a pesar de haber llamado a mil números, haber estado de forma presencial en varias delegaciones… nadie quería pillarse los dedos. Por este motivo, nada más tener las recetas me fui a una farmacia, sólo para que me indicase precios, ya que no quería retirar los medicamentos por si se retrasaba el inicio del ciclo por cualquier motivo.

Agradable sorpresa cuando el farmacéutico me comenta que por las que habían sido visadas por la mutualidad (“las caras”) debía abonar 4,20 € por receta y del resto, antibióticos, blastoestimulina, progesterona… rondarían de 5 a 10 euros cada una.

Una vez tenemos los resultados de todas las pruebas, por el mes de noviembre, empezamos de forma oficial el que sería nuestro primer ciclo de fiv.

La doctora recomendó, que por nuestra situación, hiciéramos un ciclo corto con Menopur y Puregon y, posteriormente, para inhibición de ovulación Cetrotide. Decidimos, que como esto era cosa de dos, fuera yo el encargado de pincharle y llevar el control de la medicación.

El primer día fue toda una odisea. Me reuní con los medicamentos una hora antes, para releerme prospectos, ver cómo hacer la disolución, familiarizarme con las unidades de las jeringuillas… Tenía miedo a pinchar donde no debía, a no estar contando bien las cantidades y, por supuesto, a las agujas. Siempre he tenido un miedo horrible a las jeringuillas. Poco a poco lo he ido superando y enfrentándome a él donando sangre cuando he podido, con las analíticas rutinarias… pero de ahí a tener que pinchar yo iba un mundo.

Hasta el último momento pensé que no sería capaz, que nos tocaría ir a urgencias del centro de salud para que lo hicieran. Hasta propuse a la parienta pagar a alguien que tuviera algún curso de auxiliar de enfermería… cualquier cosa antes de ser yo quien le pinchara. Pero no fue así.

Respecto al Menopur recuerdo que me costó bastante abrir el bote con suero para la disolución. En los videos de tutoriales lo hacían con suma facilidad y yo, al intentar imitarles, los reventaba enteros (ahora me río), hasta que le pillé el truco y vacilaba de enfermero delante de la parienta. Decidimos empezar con esa jeringuilla. Desinfección de la zona elegida, cuatro dedos a la derecha del ombligo y allá vamos. Con una mano sujetaba la jeringuilla a la vez que la apoyaba sobre la otra para reducir el temblor que los nervios me estaban produciendo. La clavé y ahí me quedé unos segundos, sin saber cómo apretar el émbolo de la jeringa puesto que no tenía manos libres… Para sacar la aguja mismo método, con una mano sujeto y con la otra me apoyo (vaticinamos hematoma que finalmente no apareció). Nada más acabar los dos nos tiramos en la cama, yo mareado, sólo veía amarillo y todo me daba vueltas, ella también mareada pero mejor que yo, me levantaba las piernas para que la sangre bajara a la cabeza. Así por unos minutos. Aún quedaba el Puregon.

Sin estar totalmente recuperados pero con ganas de acabar nos pusimos con el Puregon. El bolígrafo facilitó mucho la tarea y la aguja, más finita que la de la jeringuilla, también ayudaba. Igual que antes, desinfección de la zona contraria (ahora tocaba izquierda) y pinchazo. Fue más rápido pero esas gotitas de sangre que acompañaron la salida de la aguja pudieron conmigo. Otra vez a la cama, otra vez el amarillo… Y pensando en los días que quedaban.

A partir del segundo día los pinchazos transcurrieron de maravilla. Ya sólo necesitaba unos minutos para la preparación y nada de mareos ni amarillos. Sólo algún “moratón” cuando la zona ya estaba muy castigada, pero nada más que reseñar.

Y así pasaron los días, entre inyecciones y visitas de control, con un buen número de folículos creciendo hasta la fecha de la punción. Nos encontrábamos genial, muy esperanzados… Pero después de la punción surgieron imprevistos que se sucederían hasta el día de la transferencia (bueno, “días”; somos de los pocos que la transferencia duró dos días). En el siguiente post os cuento qué paso, que me estoy alargando mucho.

Saludos.

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9 comentarios

  1. Ya me he enganchado 🙂

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  2. Mamaalcuadrado · · Responder

    Cuenta cuenta … A mi marido al que casi le da un pasmo cuando conté nuestra historia en el blog … Por dios!! Marío, el más absoluto de mis respetos por contarnos vuestra historia!!

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  3. Ay chico, yo no pude dejar a Miguel que me pinchase. Le veía la mano temblorosa y me hizo tanto daño… Él quería participar en todo y lo de las agujas era lo mas práctico. Pero entendió que por el bien de mi barriga debía pincharme yo jajajajaja.
    Me tienes intrigadísima con vuestra historia. Cuenta mas!!!

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    1. A ver si el fin de semana acabo con la historia del primer ciclo, que el trabajo noe ha dejado mucho tiempo para escribir.
      Respecto a los pinchazos nosotros teníamos un pacto: ella no se quejaba si en algún momento le hacía daño y yo seguía pinchándole… Funcionó. A veces la veía apretar los dientes para aguantarse, pobrecilla, jejeje. Un abrazo!

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  4. Mi marido preparaba las inyecciones. Pero lo de pinchar ya era cosa mía. Que mal lo debías pasar si te daban esos mareos!

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    1. Al principio fue muy duro, me ponía malísimo. Pero después de unos días ya pasé al nivel pro y hasta disfrutaba haciéndolo… Las vueltas que da la vida. Un abrazo!

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  5. Me encanta tu blog!!!!!! por fin un macho alfa que se anima a escribir sobre la reproducción asistida….que no pasa nada hombres del mundo, que esto es cosa de dos.

    Mi maridín fue el encargado de ir al taller de FIV y dice que el me pincha, y mira que le pasa como a ti, que tiene pavor a la agujas, pero oye, yo encantada….me he reído un montón con la parte en como explicas que le inyectabas y luego veias todo amarillo, perdona, pero no me he podido resistir….a lo mejor en unos días nos pasa lo mismo….ya te diré si el ve algún color en concreto jajajajaja.

    Un besazo y adelante!!!!….por cierto, saludos a La Parienta 😉

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    1. Y yo encantado de que os guste, como bien dices esto es cosa de dos, pero poca información para nosotros por este mundillo.
      Respecto a las inyecciones, ahora nos reimos todos, pero en su momento no veas que mal lo pasamos…
      Que tengáis mucha suerte y todo os vaya muy bien. Para cualquier duda por aquí estamos y le paso los saludos a la parienta.

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  6. indiamamaluchando · · Responder

    Vivan nuestros “maríos” enfermeros!!!! lo que cuesta la primera vez pero qué bien que lo hacéis campeones jejeje
    Yo no hubiese podido pincharme no sé que habría hecho sin mi Indio (pagar a alguien jeje)

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